Conóceme
Siempre me ha gustado la fotografía, pero fue con el nacimiento de mis hijos cuando la cámara pasó a formar parte de mi día a día. Empecé a fotografiar lo cotidiano, esos momentos que parecen pequeños pero que con el tiempo se vuelven enormes. Durante el confinamiento, la fotografía se convirtió en mi vía de escape. Realicé un proyecto documental en casa sobre cómo estábamos viviendo la pandemia en nuestro propio hogar, y ahí entendí de verdad el valor de guardar la vida tal como es: real, imperfecta y llena de significado. Soy una persona inquieta, siempre con ganas de aprender y de mirar más allá, y eso se refleja en mi forma de trabajar.
En mis sesiones marco una guía y creo el contexto, pero después dejo que todo fluya: los abrazos, los besos, las caricias, los juegos… Me gusta que pasen cosas dentro de la escena, porque es ahí donde aparece la verdad. Me emociona fotografiar lo real, y por eso los niños tienen tanta presencia en mis imágenes: son espontaneidad pura. No busco escenas rígidas ni momentos forzados, sino conexión, movimiento y vida.
Para mí, la fotografía es una forma de guardar vuestra historia tal como la estáis viviendo ahora, para que algún día podáis volver a sentirla.
.jpg)